Comentarios
a los resultados de la investigación sobre muerte materna
realizada por la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas,
a cargo de Gisela Espinoza.
Por Mayela García.
Doscientas trece voces contra la muerte.
Doscientas trece voces, doscientas trece mujeres que hablan de todas
las demás.
Cuántas muertas hay detrás de cada una de estas voces?
Cuántas tristezas, dolores, soledades, sitios vacíos
quedaron donde antes había esperanzas, goces, presencias.
Cuántas muertas?
Hace casi 20 años, conocí a una mujer campesina,
de voz clara y oportuna, de mirada fija y risa contagiosa, a veces
seria, trabajadora eso sí.
Su voz y mi voz fueron compañeras por 15 años, anduvimos
juntas por las comunidades, ella llegó a ser una líder
campesina, yo llegué a ser una líder de instituciones.
A veces ella y yo recorríamos pequeñas veredas entre
cafetales, a veces recorríamos mostradores de migración
de diferentes países, teníamos muchas cosas en común
y la certeza de que no importaba que yo no supiera cortar café
para ser su aliada, la certeza de que no importaba si ella no sabía
hablar inglés para que hablara ante personal de la ONU y
con esa voz que les digo, clara y firme hablara de las mujeres indígenas,
de las mujeres como ella.
Hace tres años que ella, guarda silencio. Su voz, como la
de muchas mujeres indígenas, muchas mujeres campesinas ya
no se escuchan.
Murió en un hospital de esta ciudad, tres días después
de haber tenido una hija.
Durante su embarazo había ido a escondidas, a un par de
consultas médicas y a pesar de presentar signos de alarma,
no le indicaron ninguna medida de cuidado,
Cuando su familia supo que estaba embarazada al octavo mes, la
corrieron de su casa “ya hiciste tus cochinadas, no nos vas
a ensuciar aquí” le dijeron. Se fue, se llevó
un poquito de ropa que tenía y un mucho de tristeza que de
golpe recibió en la cara y en el corazón.
A los pocos días se puso mal, fui a su pueblo, la trajimos
al hospital, a ese que se nombra “Maternidad”, ahí
la tuvieron de las 8 de la mañana a las 7 de la noche y luego
nos dijeron, “Aquí no podemos hacer nada más
por ella, no tenemos ni equipo, ni medicinas, ni el personal adecuado.
Será mejor que se la lleven a otro hospital”.
Entre algunas pagamos la cuenta, mil quinientos pesos, necesitábamos
una ambulancia, afortunadamente ahí había una, la
llevamos al “Centro de Especialidades Médicas”,
el chofer de la ambulancia nos dijo “Somos un servicio particular”,
nos cobraron 400 pesos.
La recibieron en urgencias, pasó ahí la noche.
Una de sus compañeras fue a avisar a su mamá a su
casa, pero regresó muy triste diciendo que le habían
dicho que “eso le pasó por andar con ustedes en la
calle, de callejera”.
De urgencias la pasaron a terapia intensiva. Buscamos salvar al
bebé, nos dijeron. Le dieron medicinas para madurar los pulmones
del bebé. Pasaron tres días y ella seguía con
la presión alta, la tristeza alta, la soledad alta.
Al tercer día le hicieron cesárea, nació una
niñita pesaba medio kilo.
Al día siguiente, la madre murió, media hora antes
de conocer a su hija.
El acta de defunción dice: Causa de la muerte: embolia cerebral.
Volvimos a juntar para pagar la cuenta. 6 mil pesos.
Nos la llevamos a su pueblo, las puertas de su casa se abrieron,
había lavado su culpa.
Total 7,900 pesos, una muerta y una recién nacida huérfana.
Historias como estas son relatadas igualmente por estas 213 mujeres
indígenas, en este documento “Doscientas Trece voces
contra la muerte”.
Mujeres que entre todas hablan catorce lenguas, mujeres desde los
trece hasta los 76 años, mujeres solteras, casadas, viudas,
separadas, adolescentes, adultas, mayores.
Solidariamente estas voces son recogidas por las autoras de este
documento y por las coordinadoras de todas estas actividades donde
las mujeres indígenas hablaron.
El 95 por ciento de las mujeres que mueren por razones maternas,
podrían evitarse si ellas tuvieran acceso a servicios de
salud, si además éstos servicios fueran de calidad
y si todas las mujeres embarazadas recibieran atención perinatal,
según la OMS.
Y según el 6º. Informe de Gobierno de Ernesto Zedillo
la cobertura de servicios de salud alcanzaba en ese año al
99.5 por ciento de la población, es decir que, según
esto, todos los mexicanos tienen acceso a los servicios de salud
y que los programas dirigidos a las zonas rurales alejadas,, dispersa
y pobres, donde habita la mayoría de los pueblos indios,
incluyen atención al embarazo, al parto y al puerperio.
Algo no cuadra aquí, porque alrededor de 1300 mujeres, sobre
todo indígenas y rurales, siguen muriendo cada año
por causas relacionadas con la maternidad.
El documento que hoy generosamente nos ofrecen estas mujeres, nos
brinda la oportunidad, los elementos, la información, los
datos, las reflexiones, los cuestionamientos y las propuestas para
entender qué es lo que pasa.
Y se inicia cuestionando:
“¿Fatalidad de la naturaleza o injusticia de la humanidad?”
Nos muestra entonces algunas evidencias en el capítulo titulado:
“El drama en cifras”
En Canadá la tasa de muerte materna (muertes por cada 100
mil nacidos vivos), es de 4, en México es de 51
- En Chiapas 70
- Guerrero 70
- Estado de México 69
- Baja California Sur 19
Los estados del sur sureste de nuestro
país, reportan la más alta mortalidad.
Un estudio realizado por el Instituto Nacional de Salud Pública
en 1994, revela que el 55% de las defunciones maternas se concentra
en localidades con menos de 2,500 habitantes, el riesgo de MM en
el medio rural es dos veces mayor que en el medio urbano y en municipios
de muy alta marginación es tres veces mayor que en los menos
marginados, las mujeres analfabetas presentan un riesgo de morir
ocho veces mayor que las que tienen preparatoria, las mujeres no
derechohabientes tienen un riesgo de morir siete veces mayor que
las que tienen derecho a servicios de salud, y 75% de las mujeres
que mueren son no derechohabientes.
Reconociendo además el subregistro que existe, estos datos
podrían ser aún más elevados.
Las preferencias de la muerte: causas clínicas y factores
socioeconómicos,
Aborto, toxemia, Hemorragia del embarazo y del parto, Complicaciones
del puerperio, otras causas. De una u otra de estas maneras quedan
clasificadas las muertes, pero más que causas, son consecuencias,
o manifestaciones clínicas de una situación que se
ha tejido previamente y que tiene raíces en otros planos.
El documento da clara y detallada cuenta de que cuando una mujer
muere en su intento de ser madre, se han conjugado factores sociales,
económicos, culturales, biológicos, logísticos.
Las ideas sobre la maternidad, embarazo y parto que tiene cada
grupo social, las relaciones y estructuras familiares, la posición
de las mujeres en la familia, en la comunidad y ante las instituciones
públicas, los recursos económicos, la distribución
de los bienes y de las decisiones, los servicios de salud y los
servicios públicos de las comunidades, todo puede jugar un
papel clave en la preservación de la vida o en la muerte
de una madre.
La esperanza de vida de las mujeres indígenas es de 69 años,
el promedio nacional es 78, 40% de las indígenas embarazadas
tienen anemia, el promedio nacional es 26%, su tasa de muerte materna,
triplica el promedio nacional.
Además de la pobreza, Sexualidad femenina bajo censura.
Falta de autonomía, violencia, imposición, ignorancia,
control, no acceso a servicios, obediencia, sumisión, silencio.
“En nuestros pueblos, la maternidad es muy importante, porque
tener un hijo significa ser mujer, Con el matrimonio se espera que
una mujer sea madre, Cuando nos casamos, lo principal es embarazarse,
nadie se cuida, por eso, el primer hijo, y quizá el segundo
o el tercero ni se planea ni no se planea, se tiene.
En el mundo indígena matrimonio y maternidad son conceptos
estrechamente ligados a la identidad femenina. La maternidad es
un destino, no una opción.
La mujer sola no tiene derecho a ser madre, la pena social y familiar
ante la transgresión de esta norma es muy dura. La embarazada
sufre el desprestigio social y se debilitan o desaparecen las redes
socials y la solidaridad de la comunidad a hacia ella.
La culpa, la depresión, la vergüenza, el ocultamiento,
la mala alimentación, la imposibilidad moral y la práctica
para ir a una consulta médica, la posible inducción
de un aborto en condiciones precarias, son sentimientos y acciones
que acompañan al embarazo no deseado y que conducen a un
conjunto de riesgos e incluso la muerte.
La mortalidad materna podría disminuir en un 33% si las
mujeres que no desean más hijos pudieran evitar el embarazo
(Lagunes 1998).
Porqué si se sabe cómo evitar un embarazo ocurren
estos hechos?
Algunas opinan: “ Nosotras tenemos información pero
no tenemos anticonceptivos. No hay anticonceptivos en los centros
de Salud”.
De qué depende que las mujeres indígenas ejerzan
su derecho a una maternidad libremente elegida, de su deseo, de
su responsabilidad?, al parecer depende más de considerar
la maternidad como destino o deber establecido al margen de la voluntad
de las mujeres.
Reflexiones y análisis sobre esto, el documento nos revela
en su parte titulada: “El deseo y el derecho”.
Nos comparte una parte de la visión indígena “Los
saberes, las costumbres” sus repercusiones en la muerte materna,
así como sus aportes al embarazo seguro.
El útero en disputa, políticas públicas y
control del cuerpo y la sexualidad.
En esta disputa participan por un lado, las instituciones de salud
que llevan “servicios básicos alas comunidades, su
fin es impedir la concepción de esos úteros, por otro,
un séquito de maridos, familiares, paisanos y curas o pastores
que se oponen a que las mujeres utilicen anticonceptivos.
Concepciones arraigadas y prácticas modernizadoras dificultan
el ejercicio de derechos humanos de las mujeres indígenas.
Médicos y parteras, riesgos y beneficios,
discriminación, inseguridad, malos tratos.
De vida o muerte. Testimonios.
“estaba en el séptimo mes, fui a cortar leña
y en una bajada húmeda me resbalé y me privé.
Desperté con el llanto de mi b ebé, lo recogí
y recogí la placenta. Me fui caminando a mi casa. No fui
con el médico, tomé baños de vapor y tomé
té de hierbas” (pag. 22).
“15 días estuve conun dolor y luego nada. Nadie me
llevó al doctor, ni la suegra ni mi esposo. Una señora
que vivía al otro lado de mi casa me apoyo”.
“Esta señora se inflamó, se hundió después
del parto. Los niños también se murieron”.
“Una amiga se quedó con la placenta adentro y ya no
pudo, se murió”.
“Esta muchacha se murió de hemorragia en la Cruz Roja,
era mamá soltera y nadie la vió.
Tradicionales y Modernos ante el riesgo.
Aquí se hace un análisis de la norma oficial mexicana
para la atrención de la mujer durante el embarazo, parto
y puerperio y recién nacido SSA 1995, y de las reales posibilidades
de su cumplimiento. Tiene que ver con acceso real, con la medicalización
total de la maternidad y con el funcionamiento adecuado del sistema
de salud.
Pero la realidad es otra, tan sólo en Guerrero y Oaxaca,
la mitad de los nacimientos son atendidos por parteras.
No reconocer la exclusión de las mujeres indígenas
de los servicios de salud, es una forma más de discriminación
étnica, y una grave omisión de salud pública.
El dinero o la vida
Se presenta una análisis de la evolución del gasto
social en salud reproductiva durante el período 94-97, en
este último año, el gasto global en salud reproductiva
representaba apenas el 73 por ciento de los pesos gastados en 1994.
Reducción del 27%
Posteriormente se hace un análisis del Programa Arranque
Parejo en la Vida.
Aquí diremos solamente que el total de su presupuesto que
es de 67 millones de pesos, permitiría disponer de sólo
470 pesos diarios en los 391 municipios que concentran el 70% de
las muertes maternas.
Qué dicen estas voces, de qué
hablan?
- Las mujeres indígenas tienen 3 veces más riesgo
de morir.
- Es falso que toda la población mexicana tiene acceso
a los servicios de salud y que estos funcionan como indican las
normas.
- Se requiere un diálogo entre prestadores/as de salud
y parteras y el establecimiento de acuerdos institucionales.
- Se requieren alianzas entre mujeres, más allá
de asuntos de liderazgo, de poder, de dinero, de filiación
política, religiosa, ideológica.
- Se requiere que las mujeres dejemos de competir entre nosotras,
y seamos cómplices para fortalecer propuestas a favor de
todas, de las demás y de nosotras.
- La maternidad sigue siendo un destino incuestionable para las
mujeres indígenas, para las mujeres todas.
- La mortalidad materna es un suceso injusto y vergonzoso.
Qué se hace a la hora de morir?
Se vuelve la cara a la pared?
Se agarra por los hombros
Al que está cerca y oye?
Se echa uno a correr, como el que tiene las ropas incendiadas para
alcanzar el fin?
Cuál es el rito de esta ceremonia?
Quién vela la agonía?
Quién estira la sábana?
Quién aparta el espejo sim empañar?
Porque a esta hora ya no hay madre ni deudos,
Ya no hay sollozo.
Nada más que un silencio atroz.
Todos son una faz atenta, incrédula
Del hombre de la otra orilla.
Porque lo que sucede no es verdad.
Que no caigan en el vacío estas 213 voces, que no se vuelvan
silencio, sus soledades y sus miedos, sus deseos y sus derechos.
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