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Entrevista
a Bert Hellinger
Mireia Darder, Ramón Resino y Joan Garriga
Barcelona, Diciembre 2001
(Traducción: Sylvia Gómez Pedra)
Los días 4, 5 y 6 de diciembre Bert Hellinger estuvo en
Barcelona realizando un seminario sobre Constelaciones Familiares
organizado por el Institut Gestalt. Le agradecemos que aceptara
la realización de esta entrevista, pensada para ser publicada
en la revista de Gestalt de la AETG. Le agradecemos también
a Sylvia Gómez su disposición y buenos oficios como
traductora.
GARRIGA.- Podríamos empezar
preguntándote cómo ha sido tu relación con
la Terapia Gestalt.
HELLINGER.- La primera vez que hice Terapia Gestalt fue en 1970
con Ruth Cohn, en el primer seminario de presentación de
Terapia Gestalt en Alemania. Se pidió un voluntario para
la silla caliente y fui el primero. Realicé un trabajo precioso,
una experiencia tan rica que propició un cambio muy profundo
y decidió mi vida futura: tomé la decisión
de salir de la orden, ya que esto era lo mejor para mí. No
di el paso inmediatamente, pero sabía que en el momento oportuno
lo iba a hacer.
Hasta ese momento, yo conocía y trabajaba con la dinámica
de grupos, pero Ruth Cohn presentaba el método predominante
en Estados Unidos, y el haberme ofrecido de voluntario me propicio
ser el primer paciente de Gestalt en Alemania y reorientar mi vida.
Más tarde la empleé también en mi trabajo.
Me aportaron mucho Ruth Cohn y la Gestalt. También participe
en una taller de cuatro semanas con Hilarion Petzold. Después
tuve formación y experiencias en EEUU, algunas muy profundas,
como cuando comprendí lo que mi madre había hecho
por mí.
Mas tarde aprendí y trabajé con la terapia primaria
de Janov y me di cuenta de que tanto ésta como la Gestalt
tenían algunos métodos que necesitaban correcciones.
Me di cuenta de que el “underdog” expresa sentimientos
secundarios y que éstos impiden la solución. Por otro
lado, también decir que el amigo editor de “Love´s
Hidden Symmetry” (versión inglesa de “Felicidad
dual”) en EEUU, Hunter Beaumont, es un terapeuta gestáltico.
Por tanto, la Gestalt realmente me ha aportado mucho, tanto a nivel
profesional como personal.
GARRIGA.- En la Gestalt está
la idea de la autorregulación organísmica, esto es,
la confianza de que la experiencia sin interferencias lleva a algún
lugar bueno, que simplemente seguir el impulso vale la pena. ¿Qué
piensas de esto?.
HELLINGER.- En Gestalt está la idea de que la expresión
de sentimientos por sí misma ya es buena, e igual es parte
del problema y no de la solución. Cuando hablamos de seguir
el impulso, siempre depende de qué impulso se trate. Cuando
trabajamos con constelaciones y cogemos a representantes para hacer
el papel de los miembros de la familia, hacemos que las personas
primero se centren y que dejen aparte sus propios deseos e ideas.
Esto es algo que el cliente no puede hacer, y el representante,
sí; el cliente sólo justificaría el problema.
Depende, pues, de qué nivel proceda el impulso. En la mística
hay un principio importante: se pide una purificación de
los sentidos y del espíritu para, en segundo lugar, retirarse
al centro vacío. Si esto ocurre, las personas están
en sintonía y se puede seguir. También el terapeuta
tiene que estar purificado y esto le permite que surja el impulso
para el siguiente paso. Estos movimientos le llevan a soluciones
que en determinados momentos sólo son posibles después
de una comprensión, y las comprensiones son fruto de una
larga disciplina y de la observación, y no se dan así
como así. Si un terapeuta comprende los órdenes del
amor, puede ver si un movimiento está o no en sintonía
con ellos. No es suficiente que los clientes sigan su propio impulso.
Yo me doy cuenta del siguiente paso y me doy cuenta de la resistencia
que el cliente o el representante oponen. A veces hay que respetar
que sigan sus propios impulsos, pero a veces también hay
que cortar cuando sentimos las resistencias. Por ejemplo, el caso
del chico esquizofrénico del taller de este fin de semana,
que mantenía la cabeza tan alta y yo se la bajé. En
ese momento, el sentimiento pudo fluir. Asimismo, cuando alguien
cierra los ojos o para la respiración, el movimiento no fluye.
Por tanto, el principio de la autorregulación es realmente
algo muy complejo.
GARRIGA.- ¿Podrías extender
un poco más esta idea de la purificación?
HELLINGER.- La purificación incluye que uno asienta al mundo
tal y como es, con la alegría y el dolor, con la salud y
la enfermedad, con la vida y la muerte. Esto es lo más importante,
cuando el terapeuta tiene esta actitud. El asentimiento al mundo
genera serenidad. El asentimiento al mundo tal y como es le da serenidad
al terapeuta, aunque “fracase”. Es independiente de
los resultados. Simplemente hay una atención amorosa sin
pretensiones de poder. Es una atención sin miedo y sin intenciones.
Si no funciona, dice: “He llegado a mi límite”,
y este reconocimiento de los propios límites por parte del
terapeuta tiene un efecto sanador. De hecho, es similar a la fenomenología
filosófica donde se toma a todos los fenómenos tal
como son en un determinado contexto. Aceptar los fenómenos
como son, exponiéndose y sabiendo esperar, permite que el
punto de vista se amplíe. Así, de la gran variedad
se puede distinguir lo esencial. Aquí, la visión es
muy amplia, abarca el conjunto en vez de enfocar los detalles, por
lo que se puede apreciar la variedad de los fenómenos y reconocer
lo esencial. De hecho, ésta es la actitud de la filosofía
fenomenológica, aplicada a Psicoterapia: no ves únicamente
al cliente, sino a toda su familia; no estás concentrado
en él o en ella, sino que tienes en cuenta a todas las personas
vinculadas con él. Así puedo ver qué es realmente
lo importante. Por ejemplo, aquella cliente cuya abuela sufrió
tanto en el parto y tuvo que sobrellevar molestias crónicas.
Ahí, la abuela fue lo esencial.
GARRIGA.- ¿Podrías hablar
del alma? Ayer dijiste que es ella la que une y dirige los destinos
de una familia y de sus miembros. También, ¿de qué
manera el terapeuta se une a esta alma cuando trabaja con el cliente?
HELLINGER.- Cuando yo le hablo al cliente, le hablo de alma a alma,
por eso se establece este contacto, por eso es importante que no
permita que el cliente me dé muchas explicaciones. Le hablo
de aquí a aquí (señala un punto en el centro
de su pecho y después, en el pecho de su interlocutor), pues
desde aquí se trasluce el alma. No veo al individuo de forma
individual, sino integrado en su familia y en un contexto. A veces,
cuando la trama es personal, tengo que trabajar de persona a persona,
tratando de reiniciar su movimiento amoroso hacia uno de los padres,
interrumpido a una edad temprana. Por su mirada y cuando le saltan
las lágrimas veo la edad que tenía entonces, y ahí
le recojo. En un caso así, una constelación no tiene
sentido. Unas veces tengo que trabajar con el cliente a solas, otras,
tengo que hacer la constelación, especialmente si se trata
de muertes, suicidios o implicaciones sistémicas. Sin embargo,
en la última constelación de ayer tarde, aunque se
tratara de asuntos sistémicos, no se podía hacer nada
a nivel de constelación, y fui con el cliente hacia los muertos.
Eso en el fondo no se puede describir, es demasiado delicado, demasiado
sagrado como para poder poner ejemplos o para enseñar. Uno
lo puede experimentar y luego, alguna vez, se puede ir a esos ámbitos,
pero esto va mas allá de la psicoterapia.
GARRIGA.- Mi vivencia de tu trabajo
es que va mas allá de la psicoterapia en sentido estricto
y alcanza un área silenciosa de conocimiento sagrado que
tenemos las personas y que podemos reconocer. Pienso en personas
con las que a partir de tus seminarios se me abren comprensiones
nuevas. ¿Cuál piensas que es tu aportación
a la psicoterapia o a otros ámbitos?
HELLINGER.- Mi trabajo forma parte de la psicoterapia donde se tratan
asuntos como la relación de pareja, esquizofrenia, depresiones,
etc. Pero luego, en mis libros, como Felicidad Dual, o Reconocer
lo que es y Órdenes del Amor, que se irán publicando
en España en los próximos meses, describo los órdenes
del amor. Allí doy una explicación extensa y estos
libros actúan solos en muchas familias, sin hacer nada mas,
sin ninguna psicoterapia, simplemente a través de las comprensiones.
Las parejas pueden comprenderse mejor, los padres pueden tratar
mejor con sus hijos, los maestros pueden tratar mejor a los alumnos,
los asistentes sociales saben cómo tratar adopciones, por
ejemplo, teniendo más respeto ante los padres carnales. Y
así, estas comprensiones se van metiendo en muchos ámbitos,
infiltrándose también en el mundo de las organizaciones
y empresas. Así, por ejemplo, de repente uno se da cuenta
en profundidad de lo que significa el reconocimiento del otro. Esto
va mucho más allá de la psicoterapia, y actúa.
Simplemente por que hay comprensiones nuevas, fáciles de
integrar, y éstas actúan en la vida normal y corriente.
GARRIGA.- Una idea central para ti
es que el amor crece y florece dentro de un orden. La relación
entre el amor y el orden. Mucha gente cree que el amor es una fuerza
tan poderosa que supera incluso al desorden. ¿Cómo
fuiste descubriendo los ordenes del amor?, que cuando los muestras
y los enseñas uno siente que es claro, es evidente. ¿Fue
el resultado de tu trabajo con constelaciones, una inspiración,
fue un conocimiento tuyo, lo tomaste de Confucio, de Cristo, no
sé ...?
HELLINGER.- Cuando un hijo va creciendo y va teniendo sus 14 años,
y después los 20, por ejemplo, sabe que esto es diferente
de los 14, pero no sabe ni trata de comprender cómo llegó
hasta aquí, y así también ocurre en mí.
Ya no sé cuándo empecé, ha sido progresivo.
Pero sí que hay algunos momentos claves en mi proceso donde
de repente comprendí algo. Uno, el que ya comenté
respecto a mi primera silla caliente. Otro fue un artículo
de Jay Haley acerca del “triángulo perverso",
donde describe el caso de un colegio, cuando un maestro, en vez
de unirse a los demás maestros, pacta con los alumnos y ahí
se desarrolla un desorden fatal. O cuando un alumno se une a los
maestros en vez de estar con los alumnos, por ejemplo chivando,
ahí hay un desorden, es algo perverso. Ahí me di cuenta
de que había un orden de prioridad y la necesidad de no saltarse
los límites. Eso fue algo importante para mí.
También fue importante para mí el libro de Ivan Boszormenyi-Nagy,
"Lealtades invisibles".
Pero lo esencial fue la observación de la conciencia (conciencia
moral, nota del autor). Ahí estuve observando durante 6 años,
mirando a ver cómo actuaba la conciencia, y pude darme cuenta
de sus diversos niveles. Y después me di cuenta de aquello
que va desarrollándose en las familias: todos se comportan
según determinadas leyes que ellos mismos no conocen, y donde
el movimiento va en contra de las leyes, se desarrollan el desorden
y la desdicha. El descubrimiento de esa conciencia inconsciente,
que a la vez es una conciencia común de toda la familia,
que dirige a esta familia, este descubrimiento me llevó a
comprender las implicaciones sistémicas. De repente me resultaba
comprensible cómo era posible que unos hijos que son amados
por sus padres y por los que los padres lo hacen todo, se desarrollan
de una manera que a los padres les tiene que resultar hiriente,
y éste sería también el ejemplo más
simple para demostrar que el amor solo no basta.
Sólo sabiendo que existen determinados órdenes, y
que existen también implicaciones sistémicas, podemos
encontrar los órdenes en el marco de los cuales puede desarrollarse
el amor. En este contexto hay algo que aún no sé distinguir
del todo. Aquello que lleva a la desdicha es el amor, que también
se orienta en unas determinadas leyes, leyes imaginadas y mágicas.
Por ejemplo, donde un hijo dice: “Si yo me muero, mi madre
puede vivir” y, en consecuencia, cae enfermo y se muere. O
cuando alguien es excluido de la familia y, en la próxima
generación, un hijo tiene que retomar esta suerte para expiarla.
Ésta es una ley en la cual se orienta esta conciencia, y
por sus consecuencias es una ley fatal; es un orden del amor. Pero
un orden que hace valer los derechos del anterior, de aquél
que fue excluido, procurando que un posterior lo represente y lo
reintegre en la familia a través de la identificación.
Pero el anterior no tiene ninguna ventaja de eso, no aporta nada
a nadie. En el fondo son leyes siniestras y terribles las que se
desarrollan, y las tragedias griegas son la versión más
explícita de estas leyes. El cristianismo, por ejemplo, también
sigue a estas leyes: el Dios que llamamos bondadoso deja que sacrifiquen
a su hijo.
GARRIGA.- En la Biblia se dice que
los pecados cometidos serán expiados por no sé cuantas
generaciones.
HELLINGER.- Hasta la tercera y cuarta generación; pero eso
fue una mera observación. Ya en aquel entonces vieron que
era así, pero el intento de dar un giro al destino haciendo
sacrificio – antes, por ejemplo, sacrificio de personas, de
niños, de animales–, toda esa imagen de que así
se podía reestablecer un equilibrio, que los poderes superiores
sólo podían ser reconciliados a través de la
sangre, esto sí que es fatal, pero en el fondo, de una cierta
manera, se trata de un órden del amor. Y en este contexto
también es terrible ver que cualquier progreso grande, cualquier
progreso humano, cuesta mucha sangre. Por ejemplo, la Guerra Civil
en España: lo que España puede tener hoy, este orden,
hubiera sido impensable sin esa guerra. O el orden en Europa: hubiera
sido impensable sin esas guerras horribles. Es algo terrible que
va ocurriendo en el desarrollo de la historia, y nosotros tendemos
a transferirlo a los seres humanos; es decir, eso pasa porque hay
hombres malos, y si nosotros luchamos contra las personas malas,
entonces todo eso se acaba. Pero las buenas personas, luchando contra
los malos, al final acaban siendo aún peores. Así
ocurre, y aunque yo no lo comprenda hasta la última consecuencia,
lo tomo en serio.
Ahora, sin embargo, viene lo realmente revolucionario: los órdenes
del amor sanadores aparecen una vez la persona haya pasado a través
de su purificación, purificándose de aquello que aparece
en un primer plano, renunciando a todas sus esperanzas, a la esperanza
de que a través del sacrificio se alcance algo; cuando uno
reconoce el amor de aquella persona por la que uno quería
sacrificarse. Y mirándolo desde el punto de vista religioso,
hay que tomarse en serio que Dios ama, que sobre todo ama a los
niños pequeños que pretenden salvar a sus padres a
través de los grandes sacrificios, y que en sus ojos esos
sacrificios son vanos. Yo no digo nada acerca de lo religioso, sólo
quiero hablar aquí de las actitudes fundamentales, y eso
es lo que se muestra en el trabajo con constelaciones familiares,:siempre
que hay estas implicaciones trágicas, que parecen inevitables,
como por ejemplo en la tragedia griega, allí al final puede
haber una solución, por ejemplo, también entre un
asesino y su víctima, pues interiormente hay un elemento
profundo que nos lleva hasta ahí, pero primero hay que captar
esos diferentes niveles, hay que renunciar a ese primer plano, a
ese nivel de los órdenes que llevan a la fatalidad. Por ejemplo,
que el terapeuta renuncie a toda indignación, incluso allí
donde es especialmente duro –por ejemplo, tratándose
de un abuso infantil–, hay que renunciar a toda indignación
y después, pasar a ese nivel profundo, y de repente puede
darse una solución del amor, sin que nada se encubra, sin
que nada se perdone, sin que nadie sea absuelto de las consecuencias
de su culpa. Queda la plena seriedad, y a pesar de todo se puede
llegar a una solución. Eso es lo realmente revolucionario
de este trabajo y es algo que va mucho más allá de
cualquier tipo de escuela terapéutica. Respecto a las escuelas
psicoterapéuticas, se ve que todas hacen algo bueno, todas.
Mi trabajo no es ninguna competencia para ninguna de estas escuelas,
y pienso que estas comprensiones pueden ayudar en los diferentes
campos de aplicación de la terapia, por eso yo no tengo ninguna
escuela. Es algo generalmente humano, y no debe ser absorbido o
acaparado por una sola escuela, ni tampoco como un nuevo método
psicoterapéutico. Es algo que está a disposición
de todos, todos lo pueden ver, lo pueden aplicar, no tienen que
remitirse a nadie, ni tampoco a mí, como si yo lo hubiera
inventado como se podría inventar algo técnico. Yo
simplemente me entregué a ello, fluye a través de
mí y yo me retiro.
GARRIGA.- A mí me ha impresionado
mucho tu trabajo y he sentido una mayor familiaridad con la muerte,
una noción más clara de la relación entre la
vida y la muerte y del mundo de los muertos, y cómo la muerte
concluida es un lugar de paz. Me gustaría que hablaras un
poco de la muerte, una vez te escuché decir “la muerte
es más grande”.
HELLINGER.- El reino de los muertos es más grande que el
de los vivos, y veo que volvemos a caer a un fondo último,
o primero, del que también surgimos. El tema de los muertos
es algo que se ha venido desarrollando durante los últimos
dos años y aún no he llegado al final, aún
hay mucho más, pero todavía no soy capaz de captarlo.
Necesito más experiencia, y en este curso también
he ganado nuevas comprensiones, es algo que de alguna manera va
creciendo.
Para hablar del futuro, aquello que a mí interiormente me
ocupa mucho ahora es el trasfondo de la esquizofrenia. Es algo que
no se puede captar solamente con las constelaciones que se mueven
en un primer plano, es algo que alcanza el reino de los muertos,
de una manera determinada que yo aún no capto del todo. Es
algo a lo que yo me expongo de manera fenomenológica para,
más tarde, comprenderlo más claramente. Y el ejercicio
que hice aquí, aquella meditación, fue otro paso más
donde iba explorando. Y yo espero luego las respuestas, el feed
back, y al decirme la persona “yo lo viví de esta manera
o de esta otra” para mí es un punto de orientación
para seguir trabajando.
DARDER.- En el taller hiciste una diferenciación
entre la actitud de “yo soy un mensajero de algo espiritual”
y la actitud que tú describes como “vibrar en una misma
alma”. A mí lo que me interesaba preguntar es sobre
lo espiritual, lo que tú haces, ¿se puede considerar
espiritual?.
HELLINGER.- Yo suelo evitar la palabra espiritual siempre que pueda,
porque es muy abusiva. Y la mayoría de los que se llaman
espirituales se han negado a la purificación. Pensando, por
ejemplo, en San Juan de la Cruz que estuvo caminando durante veinte
años por la noche oscura, se sabe lo que significa y que
es algo que no se puede explicar. Es algo a lo que uno se ve obligado,
a esa purificación, y una vez la persona ha pasado por ella,
ya no lo menciona. Quien habla de eso no ha pasado por la experiencia.
A grosso modo, quizá sea un poco arrogante decirlo así,
de lo divino tenemos una intuición: es más familiar
al No-Ser que al Ser. Se halla muy lejos, y cuando dejamos que aquello
que está muy lejos envíe sus rayos a nuestro propio
interior, cuando permitimos que vaya actuando, entonces aporta una
gran tranquilidad. Pero no nos da las instrucciones para actuar,
y me atrevo a decir que de ello no hay ninguna revelación.
Es muy atrevido, pero lo digo.
En cambio, aquello que actúa, aquello de donde nos vienen
instrucciones para actuar, eso lo llamo yo alma. El alma tiene algo
que ver con el Ser, y lo divino, con el No-Ser. Puedo ofrecer una
imagen: todo aquello que es está rodeado de un No-Ser, y
aquello que es el No-Ser, en comparación con el Ser, es mucho
más grande, es infinito. Todo lo que es es finito. Lo que
está más allá del Ser es el No-Ser, pero es
efectivo. A través del reconocimiento del No-Ser, aquello
que es, el Ser, gana grandeza, pero sin que el No-Ser actúe
directamente; es simplemente el reconocimiento el que causa ese
efecto. Por tanto, el alma es, pero a otro nivel que lo espiritual,
y el alma actúa, y yo me puedo entregar a ese alma. Sin embargo,
el alma actúa a diferentes niveles: un nivel superior, y
luego, un nivel inferior, más profundo. En mi trabajo, poco
a poco he ido bajando a ese nivel más profundo que se va
mostrando, y quizá haya aún otro nivel más,
al que ahora me voy acercando, pero aún no lo capto. Se tiene
que manifestar en el trabajo, por eso es también tan importante
que estas comprensiones resulten del trabajo. Sin este trabajo yo
no podría aprender nada, uno no se lo puede simplemente imaginar,
hay que verlo en el trabajo. Por eso maduramos con este tipo de
trabajo, es un profundo desarrollo humano, una profunda sintonía.
RESINO.- Yo tenía dos preguntas
y he perdido el interés por una de ellas después de
esta última parte. A mí, todo esto me parece un canto
al amor.
HELLINGER.- Sí, esto me gusta, eso es, un canto al Amor,
exacto
RESINO.- Y ya no me interesa saber
qué sintonía podía tener, qué confluencia,
con la Sicología Transpersonal.
HELLINGER.- El concepto de transpersonal es algo que yo rechazo,
hay como una pretensión allí, es como el concepto
de espiritual. Cuanto más lo vemos como algo simplemente
terrenal, absolutamente común, integrado en las realizaciones
simples y humanas... – a veces me divierto mirando a algún
maestro espiritual, comparándolo con una madre que tiene
diez hijos ... ¿quién es más grande?, ¿qué
es más grande? También me viene la historia de un
buen maestro de Zen, muy importante y muy famoso, que estaba casado
y su mujer dijo. “Eso de la Iluminación lo determino
y decido yo”.
RESINO.- Mi madre tuvo diez hijos.
... La segunda cuestión es que me voy esta vez con mucha
esperanza porque acerca de lo que hablabas del fatum en la tragedia
griega, y después de lo que hablamos acerca de la constelación
de “Seis personajes en busca de un autor” de Pirandello,
veo que estamos próximos a encontrar la resolución
del Edipo de una vez por todas si le hiciéramos la constelación
a Yocasta. No habría ya la necesidad de tanto sacrificio.
HELLINGER.- Sí, exacto. – Antes de despedirme, quiero
daros las gracias. Ha sido un diálogo, he podido expresar
ideas, pensamientos que normalmente no suelo expresar. Solamente
lo hago entre amigos. Siento que aquí soy bienvenido, que
aquí hay un campo grande y abierto para este trabajo, y voy
a volver con ganas.....
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