Movimientos
de la Conciencia y Movimientos del Alma.
Harald Hohnen
Bert Hellinger descubre nuevos elementos continuamente y cambia
su manera de trabajar a través del tiempo, que además
de permitir un desarrollo nuevo en el proceso en el cual se encuentran
soluciones, es cada vez más libre en comparación con
las constelaciones familiares en las que los representantes no se
mueven por sí mismos sin instrucciones del terapeuta. Hellinger
nombra a cada esta nueva forma movimientos del alma. Las soluciones
que emergen señalan conexiones con la representación
de sentimientos de personas ajenas al sistema familiar.
Las siguientes reflexiones pretenden ser parte de una discusión
nueva que le confiere un significado a los movimientos libres de
los representantes, considerando al mismo tiempo la comprensión
demostrada hasta ahora acerca de los efectos de la conciencia que
crean la base para una visión diferenciada sobre los movimientos
del alma.
Descripción de las Constelaciones
Familiares
He aquí un resumen las características esenciales
del procedimiento metodológico comprendido en la facilitación
de constelaciones familiares y posteriormente en el trabajo con
los movimientos del alma.
Así como Hellinger introdujo las constelaciones familiares,
a nivel estructural las constelaciones implican elegir representantes
de la familia del cliente y colocarlos según una imagen interior,
preguntar a sus representantes cómo se sienten en una posición
determinada y también cambiar sus posiciones hasta que la
dinámica de los enredos se pueda identificar y se encuentre
una imagen de solución, en la cual sus representantes se
sientan bien de acuerdo con el orden del amor. Al principio generalmente
se configuran tres o más representantes.
Posteriormente el terapeuta indica a los representantes una frase
que deben decir. El terapeuta recoge las frases según su
percepción de la dinámica que se está llevando
a cabo dentro del campo de energía, frases que le hablan
de una realidad escondida, a la cual se teme o se oculta por dolorosa,
o bien confronta a alguien con su culpabilidad, son frases que conducen
a honrar a una persona o una situación.
En este tipo de intervenciones que pueden ser dinámicas
o estructurales el terapeuta se orienta fundamentalmente por las
respuestas de los representantes acerca de cómo se sienten
en ciertas posiciones, conduciendo así activamente a través
de movimientos a la constelación hacia una solución.
Los representantes no se encuentran con sus situaciones personales
mientras están al servicio de constelaciones, puesto que
constituyen únicamente el cuerpo para observaciones y percepciones
en posiciones o lugares determinados dentro del sistema establecido,
a través de los sentimientos que tienen en su posición
funcionan también como una caja de resonancia para una frase
sanadora que da al terapeuta y al verificar su fuerza, esto significa
si el representante se siente fortalecido o debilitado al repetirla,
se puede llegar a la solución.
La base teórica necesaria del terapeuta consiste en el conocimiento
de la conciencia personal y colectiva y de la conciencia colectiva
en familias, el conocimiento acerca de la culpabilidad y la inocencia
en lo relativo a los órdenes del amor, la vinculación
y también al conocimiento del equilibrio entre dar y tomar
dentro de grupos o entre personas vinculadas por el destino. Este
conocimiento aunado a la habilidad de percibir fenomenológicamente
conduce al terapeuta a encontrar soluciones durante el proceso de
facilitar las constelaciones.
Desarrollo de los Movimientos del Alma
En comparación con las constelaciones familiares, el trabajo
con los movimientos del alma, ofrece a los representantes mucho
más espacio para la libre expresión. A través
de los movimientos de los representantes las soluciones se desarrollan
desde el interior del sistema configurado sin que el terapeuta necesariamente
tenga que intervenir.
Se alienta a los representantes a expresar sus percepciones internas
mediante el movimiento. El terapeuta se abstiene lo más posible
de dar frases a los representantes y de cambiar sus posiciones,
sólo les da tiempo de centrarse y les permite que sus percepciones
y sus movimientos se desarrollen. En este trabajo algunas veces
parece como si las personas en el sistema fueran guiadas por una
fuerza especial que les sujeta y les lleva hacia una solución
de reconciliación, esto significa que lo que parecía
antagónico e imposible de armonizar, encuentra su equilibrio.
Hellinger describe este proceso como movimientos del alma y en su
percepción indica que se observan fuerzas que llegan más
allá de aquello sobre lo cual tiene control la conciencia
y posibilita soluciones que se encuentran en un nivel muy profundo
y dentro del mismo sistema.
Con la aplicación de este nuevo procedimiento Hellinger
encontró comprensiones fenomenológicas esenciales,
en cuanto a la dinámica entre víctimas y perpetradores,
en el movimiento entre adversarios de guerra o camaradas y entre
personas o grupos vinculados por el destino, que a pesar de que
no pertenecen a una comunidad familiar o sistema, están unidos
de manera existencial a través de la conciencia.
Hunter Beaumont y Bert Hellinger usaron el término Movimientos
del Alma para describir la integración de un movimiento interno
recóndito en el que lo separado y aparentemente irreconciliable
estaba unido en un nivel más profundo. Esto se manifestó
en una constelación en donde sus representantes que eran
víctimas y perpetradores se dirigieron por su propia cuenta
unos hacia los otros sin que hubieran sido instruidos por el terapeuta
para seguir sus impulsos y moverse. Nos sentimos muy conmovidos
en dicha ocasión por la expresión reconciliatoria
y el profundo efecto sanador que tuvo con el cliente y con todos
los presentes.
Es así como los últimos años ha quedado cada
vez más claro que las constelaciones familiares conducen
a soluciones no solamente al interior de los sistemas familiares,
sino también que abarcan dos sistemas o más, así
como temas abstractos relacionados con el destino, por ejemplo constelaciones
en las cuales se configuran la enfermedad o la muerte.
Mediante los movimientos libres en las constelaciones fue posible
aclarar qué tipo de movimiento interno conduce a un cliente,
por ejemplo gravemente enfermo, a la aceptación de su enfermedad
o muerte pendiente. Paradójicamente esta renuncia a la lucha
en contra de la muerte o grave enfermedad está unida a un
tipo de paz que puede observarse en el cliente y que algunas veces
conduce hacia un cambio en el curso de la enfermedad.
Fue de gran ayuda para muchos clientes vivir su vida desde la perspectiva
de estar conectados a algo mayor a ellos, permitiéndoles
ver sus vidas y a sus familias bajo una luz reconciliatoria. En
este contexto Hellinger habla con frecuencia de la Gran Alma y,
refiriéndose a Heidegger, sobre la causa primordial de la
que emerge la vida y el retorno de la vida hacia esta causa.
Cuando trataba temas como la guerra o el Holocausto, Hellinger
configuraba cada vez más a las víctimas y perpetradores
frente a frente y les permitía moverse siguiendo sus impulsos.
Esta forma de trabajo llegó a su punto culminante en una
constelación en Berna en 1998, publicada posteriormente con
el título de “Los muertos”. En esta constelación,
que tuvo que ver con el movimiento entre víctimas y perpetradores,
Bert Hellinger, motivó a los representantes a escribir sus
experiencias detalladamente y hubo hallazgos que le permitieron
reflexionar sobre la dinámica entre lo aparentemente irreconciliable.
A pesar de que Hellinger en su introducción de “Cuerpo
y Alma, Vida y Muerte” y “Religión, Psicoterapia
y Cura de Almas”, señaló que el trabajo conduce
hacia límites que no se pueden traspasar, se vio claramente
y en especial en múltiples constelaciones desarrolladas en
contextos culturales distintos como el campo de experiencia se amplía,
sigue creciendo y continuamente se descubren nuevos métodos
de trabajo, así como rituales y distintas comprensiones.
Una piedra miliaria en este contexto fue el seminario que se llevó
a cabo en Israel en el año 2000. Aquí, dado el antecedente
histórico entre los alemanes y los judíos, el máximo
respeto y reserva por parte del terapeuta fueron necesarios junto
con la claridad de observación y la mínima intervención
directa durante la constelación. La pureza del trabajo conmovió
a todos de igual manera y mediante esta experiencia la comprensión
del mismo trabajo se fortaleció al estar en el dominio de
los Movimientos del Alma.
En un seminario impartido en Londres, en marzo de 2000, Hellinger
habló pro primera vez acerca de los movimientos del alma,
como un método más que podría ser empleado
adicionalmente a las constelaciones familiares.
No obstante la investigación y la aplicación en otros
contextos de este nuevo método de trabajo, o la configuración
de temas existenciales en constelaciones, se topa con la pregunta
de cuán confiables son los movimientos de los representantes
dentro de la constelación. ¿Cuánto reflejan
estos movimientos, los movimientos del alma, en el sentido de estar
conducidos por un todo sistémico y conectados a este todo
que contiene algo mayor y cuándo posiblemente los representantes
siguen lo que dicta la conciencia de o entre sistemas familiares?.
Esta es la pregunta que permanentemente debe tener presente el terapeuta
capacitado.
La Comunidad de destino y la conciencia
Como lo describe Hellinger toda persona tiene su alma propia y
también se encuentra dentro de un alma que va más
allá de ella misma y de la cual tan sólo es una parte,
de la misma manera, cada persona de una familia constituye una parte
de una comunidad cuyo destino va más allá de lo personal,
más allá de lo individual.
Las comunidades de destinos están formadas tanto dentro
de sistemas familiares así como de otros sistemas como hemos
visto: entre perpetradores y víctimas, en guerras, guerras
civiles, en el Holocausto, con personas involucradas en accidentes
que terminaron en la muerte o camaradas de guerra de los cuales
algunos sobrevivieron y otros murieron, entre otros.
Al reflexionar acerca de la naturaleza de comunidades de destino
que están compuestas de un todo mayor en comparación
con los grupos familiares, es necesario ver a las personas como
parte de un sistema familiar y a la par como participantes de otros
sistemas con los cuales se encuentra, y que dependen existencialmente
uno del otro, aún cuando no pertenezcan directamente a dicho
sistema familiar.
Esto se puede observar en constelaciones en forma de distintos
enredos en los cuales alguien dentro de la familia está implicado
con otra persona de la misma familia, por ejemplo con un tío
muerto que fue un asesino, y debido a esta implicación el
familiar se identifica con las víctimas de ese asesino que
pertenecen a otros sistemas. Estas diferentes dinámicas que
se manifiestan de manera simultánea como sucesión,
presunción, expiación e identificación, nos
llevan a la comprensión básica descubierta por Hellinger
acerca de los límites de la conciencia y de los sentimientos
de culpa e inocencia.
Bert concibe la conciencia como un sentido interior de relación
que nos transmite información como cualquiera de los sentidos
y nos comportamos socialmente según la información
transmitida por este sentido de relación.
Nos percatamos de las percepciones de este sentido en el contexto
de nuestros padres, nuestras madres y de quienes les debemos nuestra
supervivencia . Esta es la conciencia personal que nos comunica
información referente a valores, normas, deseos y reglas
habladas o no, y también información sobre quién
pertenece a un grupo familiar y quién probablemente no pertenezca
(independientemente de la pertenencia real o posición actual
de la persona en el orden y jerarquía de la familia). El
asentimiento o la divergencia de la conciencia personal la experimentamos
mediante sentimientos de inocencia o culpa. El sentirse inocente
asegura los vínculos con nuestros padres y nuestras madres
o grupo vital.
Existen también impresiones sensoriales que traspasan a
estas personas, inmediatamente esenciales en nuestras vidas, y permanecen
inconscientes. El sentido de relación en este nivel transmite
información acerca de la “totalidad” de un sistema
o acerca de su estado incompleto. A través de los sentimientos
de inocencia o culpabilidad se pretende inconscientemente equilibrar
lo que le falta al sistema. Mediante las constelaciones familiares
observamos que existe una fuerza actuante que nos lleva a completar
lo incompleto y solamente cuando esto se ha logrado nos sentimos
inocentes. Hellinger nombra a esta fuerza la conciencia colectiva.
Como este impulso actúa en un nivel que permanece inconsciente,
algunas veces se muestra a través de los actos especiales
de las personas, y al conocer la historia familiar se puede distinguir
que apuntan a la presencia de los excluidos.
Lo anterior se observa en las comunidades de destino como “el
enredo”, “la implicación”, de aquéllos
que nacen posteriormente con los destinos de quienes murieron antes,
aún no habiéndolos conocido. La contradicción
entre la conciencia personal y la colectiva en nuestro interior,
para la cual el niño únicamente puede encontrar una
solución a través del enredo, parece ser reconciliable
en el adulto mediante los órdenes del amor, descubiertos
por Hellinger. Con éstos y la orientación que se hace
posible para los terapeutas, a través de vinculación
y jerarquía, y dentro del contexto de equilibrio entre dar
y tomar, la tensión entre la conciencia colectiva y la personal,
se anula en un nivel superior del sistema. Entonces cuando vemos
la conciencia como un sentido más de percepción que
estabiliza a nivel personal nuestro sentido de pertenencia hacia
nuestras familias y que a nivel inconsciente y colectivo busca conservar
el estado completo del grupo, vemos que esta conciencia también
va más allá del sistema familiar e incluye a personas
de otros sistemas, por ello, las expresiones comunidad de destino
y conciencia colectiva ya no pueden ser aplicadas exclusivamente
en el caso de familias.
Un hijo que nace posteriormente también puede representar
a quienes nacieron antes y que no pertenecen al sistema familiar
de ellos, pero que mediante su pérdida o ganancia al sistema
familiar experimentó una ganancia o pérdida existencial.
En este caso también observamos que quien nace después
intenta reemplear a una o varias personas pertenecientes a generaciones
anteriores, a causa de un movimiento meramente inconsciente de la
conciencia, de esta forma él sigue un amor ciego y la integración
aparente del todo.
Para aquéllos movimientos que van más allá
de la comunidad de destino, incluidos dentro del sistema familiar,
con frecuencia Hellinger emplea la expresión la Gran Alma.
En este punto donde se cruzan dos sistemas algunas veces surgen
dificultades para diferenciar la conciencia del alma. Si aceptamos
que existe un espacio llamado la Gran Alma, entonces también
debe existir una gran conciencia, con todos sus efectos y condiciones.
Por encima y más allá del sistema familiar, la conciencia
intenta reemplear personas y por consiguiente completar un todo
mayor que haya sido percibido como incompleto y al hacer esto, está
actuando dentro del área del alma como la describe Hellinger.
Rupert Sheldrake cree que no sólo la conciencia, como piensa
Hellinger, sino también el alma trata de crear la consumación
del todo. Esto lo aclaró en una entrevista con Hunter Beaumont
en la cual dijo que el alma no lucha en dirección del cambio,
pero que se necesita espíritu también.
Según Sheldrake, el alma es un campo morfogenético
que tiene memoria del todo y se estabiliza y conserva mediante la
redundancia. En su opinión el alma de la familia, como tal,
debe ser entendida como un campo, el impulso evolutivo que va más
allá de este campo y trae consigo cambios necesita espíritu
para poder hacer eso. En comparación con Sheldrake, Hellinger
dice que el alma toma la función de lo evolutivo y de aquello
que cambia en una dirección positiva, por ello nos conduce
hacia un nivel superior para que lo irreconciliable pueda ser reconciliado.
No importa lo que pensemos si es el alma o el espíritu el
que produce el cambio, lo esencial es que esta fuerza debe ir más
allá de aquello que concierne a lo individual para encontrar
la integración mediante la sucesión, identificación,
presunción o expiación.
Si Hellinger ve el alma como aquello que provoca el cambio, también
debe concebir la expresión conciencia cuando se habla de
la conexión de sistemas mayores y luego para ser consistente,
debe hacer una distinción entre los movimientos de la conciencia
y los movimientos del alma. La confusión que se da algunas
veces en cuanto a la conciencia y el alma, probablemente se deba
a que en ocasiones el alma se considera un campo y otras una fuerza
o energía.
Posiblemente ambas posiciones acerca del alma sean verdaderas y
las dos puedan ser vistas mediante las constelaciones familiares,
la diferencia radica en que el alma está más al servicio
del cambio evolutivo (reconciliación con lo excluido sobrepasando
los límites del sistema familiar), mientras que la conciencia
sirve para estabilizar lo que ya existe, pero ambas son necesarias.
Movimientos de la Conciencia
Estos movimientos de la conciencia reflejan que alguien está
siguiendo su conciencia personal y/o colectiva. Esto puede significar
que el cliente evita el movimiento que lo podría conectar
de manera natural con cierto miembro de la familia, lo que está
guiado por la conciencia personal. Ésta limita la habilidad
de estar verdaderamente consciente del miembro familiar. Al evitarlos
curiosamente el cliente se siente inocente y en armonía con
las percepciones y valores de los miembros más importantes
del grupo y anteriores, por consiguiente, siente que pertenece al
grupo. No obstante esto también puede significar que a partir
de un movimiento de la conciencia colectiva se refleja el destino
de un familiar excluido en el pasado, dando un giro en el presente
al destino de algún miembros del sistema.
En este caso el cliente sigue las condiciones dictadas por la conciencia
colectiva y siente su máxima inocencia por la representación
de los excluidos en su propia vida, de aspectos dolorosos y aterrantes
de su sistema o de la persona correspondiente. Su sentimiento de
inocencia proviene de la ilusión inconsciente de haber completado
algo que estaba incompleto.
En las constelaciones familiares experimentamos este impulso cuando
les preguntamos a los representantes cómo se sienten y podemos
emplear sus respuestas para diagnosticar y ver con mayor claridad
la dinámica dentro del sistema. Para el terapeuta esto significa
entender el nivel de conciencia que se está moviendo en el
representante y por qué está dando información.
Tomando en consideración ambos niveles de conciencia se puede
conducir la constelación hacia una solución que integre
la culpa y la inocencia, reconociendo su realidad en un nivel superior
del sistema.
Cuando no se les pregunta a los representantes sobre sus percepciones,
pero se les pide que sigan sus movimientos interiores, cambian su
lugar de acuerdo con su impulso interno, aquí rara vez se
trata de un movimiento del alma, más bien podemos asumir
que se trata de un movimiento a nivel de la conciencia y puede servir
como herramienta diagnóstica.
Entre otras cosas esto significa que no necesariamente en cada
movimiento de un niño hacia la madre o el padre se deriva
la fuerza motivadora de un movimiento del alma, con frecuencia se
trata de la expresión de la conciencia personal del niño
en el sentido de comunicar su necesidad de pertenecer a la familia.
De esta forma las necesidades de la conciencia personal se confirman
y las condiciones de la conciencia colectiva se evitan momentáneamente.
De la misma manera el movimiento hacia un integrante excluido de
la familia, por la madre o el padre, o el movimiento hacia un integrante
de otro sistema no es un movimiento del alma per se. Con frecuencia
el movimiento de la persona beneficia a la conciencia colectiva,
pero se hace a costa de la conciencia personal y puede involucrar
una forma de sublevación en contra del padre o de la madre.
La naturaleza contradictoria de las dimensiones de la conciencia
y sus manifestaciones de tiempo y espacio en los representantes
deben ser tomadas en cuenta por el terapeuta, en cada caso, para
no señalar de inmediato hacia los movimientos del alma como
los que están conduciendo la constelación.
Los movimientos libres que realizan los representantes deben ser
examinados por su terapeuta, quien también debe verificar
si estos movimientos siguen a la conciencia, esto es, la necesidad
de pertenecer (a la familia o al sistema) el deseo del equilibrio
entre dar y tomar y la integración de la comunidad de destino.
También el terapeuta debe observar si los movimientos van
más allá de la conciencia.
El movimiento del alma existiría si el impulso fuera algo
más que moverse hacia la persona excluida, es decir, si este
movimiento consideró la posibilidad de que el cliente se
retirara respetuosamente de la persona o situación en cuestión.
Un movimiento de la conciencia tan sólo mostraría
el vínculo y no la solución (en el sentido de que
se trata de una reconciliación que es respetuosa y cambia
el foco de atención del cliente al lugar de todos los integrantes
del sistema).
En general parece que la base del comportamiento dentro de un sistema
familiar, mediante vinculación, jerarquía y equilibrio
entre dar y tomar, proviene de la conciencia. A ello se debe que
los movimientos entre los integrantes de la familia (dentro de la
constelación), sirven más parea estabilizar el problema
que para mostrar una solución. Aquí vemos con claridad
la dinámica de los enredos mediante el sentir de los representantes
o bien por sus movimientos libres, situación que nos conduce
con mayor facilidad a vislumbrar el camino de una solución,
como en toda buena constelación familiar.
La manifestación de los movimientos del alma no resulta
más factible si se pide a los representantes que verdaderamente
se centren y que digan sus respuestas, verbalmente o en forma de
un movimiento desde el nivel del alma, al dar estas instrucciones
más bien nos confrontan frases menos centradas y más
coterapéuticas en vez de la conexión de sus representantes
con las personas de la familia que están representando en
la constelación.
Cuando instruimos a los representantes a moverse de acuerdo con
el impulso de sus almas, en realidad les estamos pidiendo no estar
en contacto con los movimientos de la conciencia de las personas
reales de la familia, les exigimos que sientan y piense a su manera
y que encuentren su camino rebasando los límites de la conciencia
para traer soluciones que son más posibles observando el
sistema familiar desde fuera.
Constelaciones de temas abstractos
Es una imagen distinta cuando se configuran perpetradores y víctimas
abstractos o constelaciones acerca de temas elementales como son
la vida, la muerte, el destino o la enfermedad.
En este caso, vemos la posibilidad de que a quienes escogen para
representar dichos temas se contactan rápidamente con un
integrante de la familia del cliente que, por ejemplo, representa
la muerte o la enfermedad del mismo, situación en que las
percepciones registradas resultan ser la información y la
experiencia de una persona y por consiguiente obedecen las condiciones
establecidas por la conciencia.
Sin embargo algunas veces los representantes permanecen abstractos
por lo que la muerte, la vida o el destino no pueden ser asignados
a una persona en particular, aquí observamos a los representantes
comprendidos en algo verdaderamente mayor. Esta fuerza que rebasa
a los integrantes individuales de la comunidad de destino, señala
hacia algo que no puede ser transmitido por una persona.
En el transcurso de estas constelaciones Hellinger frecuentemente
les pedía a sus representantes no moverse ni hablar (en la
forma de discusiones superficiales o intercambios), les hacía
saber que ellos tenían la visión entera, el tiempo,
la serenidad y la energía. Un movimiento hacia una de estas
personas cuando permanecen en su función abstracta, es algo
que puede ser descrito como un movimiento del alma. Con frecuencia
se alcanza el punto de máxima humildad, un movimiento hacia
algo que no podemos alcanzar y que no puede ser personificado.
Algunas veces también se trata de un movimiento de un niño
hacia la madre, cuando la madre en la constelación no representa
a una persona que carga un destino en particular, sino más
bien a una “madre universal”. Sin embargo si la madre
es representada como alguien con un destino personal, el movimiento
del hijo hacia ella, debe ser verificado cuidadosamente para ver
hasta qué punto se trata de un movimiento que sigue a la
conciencia y que desde su interior el hijo dice “Mamá,
lo hago por ti”.
En síntesis podríamos decir que se consideran movimientos
de la conciencia a aquellos que se realizan dentro de un sistema
familiar y los que se desarrollan en constelaciones en las que se
configuran a personas concretas de distintos sistemas familiares.
Los movimientos del alma se observan cuando se trata de movimientos
abstractos que abordan lo universal, como es el caso de la gran
madre, el gran padre, la vida misma, la muerte y el destino.
En el caso de los movimientos del alma aparece una serie de sucesos
que deja atrás la forma de equilibrio entre dar y tomar,
de expiación y de vinculación, que dicta la conciencia
a nivel personal y colectivo y que conduce más allá
de los movimientos dentro de la comunidad de destino. Solamente
en este punto uno puede contactar una fuerza que está dirigida
por algo mayor.
Tal vez los movimientos del alma “puros”, dentro del
contexto del sistema familiar, deben ser vistos como integraciones
internas de movimientos por parte del cliente, por ejemplo, cuando
un hijo ha encontrado sus sentimientos primarios y por consiguiente
puede mirar con amor a los ojos a sus padres más allá
de conjeturas o imágenes anteriores, o bien cuando se experimenta
un destino aterrador, como perteneciente al sistema y no obstante
la persona es capaz de retirarse con amor y de voltear hacia sus
padres, o cuando alguien acepta con humildad sus limitaciones, su
enfermedad y las condiciones de vida.
Hellinger ya ha observado y descrito muchos ejemplos, por lo que
podemos tomar parte de esta experiencia y obtener la energía
para nuestros propios movimientos del alma y para nuestro trabajo.
Cuando tratamos de darle espacio a esta fuerza dentro de un área
visible, fuerza que nos da entereza y nos conduce por integraciones
internas de movimientos, debemos tomarla como regalo en vez de un
resultado de acción terapéutica.
Los movimientos del alma no debe ser “hechos”, por
el momento, únicamente las condiciones que algunas veces
apoyan la manifestación de la Gran Alma en los representantes
o en el cliente pueden ser descritas de manera aproximada.
Una parte vital del proceso es la claridad y estado de alerta del
terapeuta relativo a sus propios deseos que tienen que ver con su
desarrollo y experiencia con la Gran Alma. La disposición
a renunciar completamente a su deseo de soluciones armoniosas, así
como a la atención en los movimientos mínimos de los
representantes en el sistema, y además debe ser capaz de
diferenciar entre los movimientos de la conciencia y los movimientos
del alma. Después el terapeuta puede interceder y, mediante
intervenciones que conocemos de las constelaciones familiares, puede
ayudar a los movimientos hacia una dirección de conexión
con algo mayor o puede decidir no intervenir.
Si el terapeuta al configurar una constelación lo hace sin
juicio, sin miedo, sin memoria, sin intenciones y sin amor (aunque
sí amoroso), es más factible que los movimientos lleven
hacia su solución.
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