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Movimientos de la Conciencia y Movimientos del Alma.
Harald Hohnen

Bert Hellinger descubre nuevos elementos continuamente y cambia su manera de trabajar a través del tiempo, que además de permitir un desarrollo nuevo en el proceso en el cual se encuentran soluciones, es cada vez más libre en comparación con las constelaciones familiares en las que los representantes no se mueven por sí mismos sin instrucciones del terapeuta. Hellinger nombra a cada esta nueva forma movimientos del alma. Las soluciones que emergen señalan conexiones con la representación de sentimientos de personas ajenas al sistema familiar.

Las siguientes reflexiones pretenden ser parte de una discusión nueva que le confiere un significado a los movimientos libres de los representantes, considerando al mismo tiempo la comprensión demostrada hasta ahora acerca de los efectos de la conciencia que crean la base para una visión diferenciada sobre los movimientos del alma.


Descripción de las Constelaciones Familiares

He aquí un resumen las características esenciales del procedimiento metodológico comprendido en la facilitación de constelaciones familiares y posteriormente en el trabajo con los movimientos del alma.

Así como Hellinger introdujo las constelaciones familiares, a nivel estructural las constelaciones implican elegir representantes de la familia del cliente y colocarlos según una imagen interior, preguntar a sus representantes cómo se sienten en una posición determinada y también cambiar sus posiciones hasta que la dinámica de los enredos se pueda identificar y se encuentre una imagen de solución, en la cual sus representantes se sientan bien de acuerdo con el orden del amor. Al principio generalmente se configuran tres o más representantes.
Posteriormente el terapeuta indica a los representantes una frase que deben decir. El terapeuta recoge las frases según su percepción de la dinámica que se está llevando a cabo dentro del campo de energía, frases que le hablan de una realidad escondida, a la cual se teme o se oculta por dolorosa, o bien confronta a alguien con su culpabilidad, son frases que conducen a honrar a una persona o una situación.

En este tipo de intervenciones que pueden ser dinámicas o estructurales el terapeuta se orienta fundamentalmente por las respuestas de los representantes acerca de cómo se sienten en ciertas posiciones, conduciendo así activamente a través de movimientos a la constelación hacia una solución.

Los representantes no se encuentran con sus situaciones personales mientras están al servicio de constelaciones, puesto que constituyen únicamente el cuerpo para observaciones y percepciones en posiciones o lugares determinados dentro del sistema establecido, a través de los sentimientos que tienen en su posición funcionan también como una caja de resonancia para una frase sanadora que da al terapeuta y al verificar su fuerza, esto significa si el representante se siente fortalecido o debilitado al repetirla, se puede llegar a la solución.

La base teórica necesaria del terapeuta consiste en el conocimiento de la conciencia personal y colectiva y de la conciencia colectiva en familias, el conocimiento acerca de la culpabilidad y la inocencia en lo relativo a los órdenes del amor, la vinculación y también al conocimiento del equilibrio entre dar y tomar dentro de grupos o entre personas vinculadas por el destino. Este conocimiento aunado a la habilidad de percibir fenomenológicamente conduce al terapeuta a encontrar soluciones durante el proceso de facilitar las constelaciones.


Desarrollo de los Movimientos del Alma

En comparación con las constelaciones familiares, el trabajo con los movimientos del alma, ofrece a los representantes mucho más espacio para la libre expresión. A través de los movimientos de los representantes las soluciones se desarrollan desde el interior del sistema configurado sin que el terapeuta necesariamente tenga que intervenir.

Se alienta a los representantes a expresar sus percepciones internas mediante el movimiento. El terapeuta se abstiene lo más posible de dar frases a los representantes y de cambiar sus posiciones, sólo les da tiempo de centrarse y les permite que sus percepciones y sus movimientos se desarrollen. En este trabajo algunas veces parece como si las personas en el sistema fueran guiadas por una fuerza especial que les sujeta y les lleva hacia una solución de reconciliación, esto significa que lo que parecía antagónico e imposible de armonizar, encuentra su equilibrio. Hellinger describe este proceso como movimientos del alma y en su percepción indica que se observan fuerzas que llegan más allá de aquello sobre lo cual tiene control la conciencia y posibilita soluciones que se encuentran en un nivel muy profundo y dentro del mismo sistema.

Con la aplicación de este nuevo procedimiento Hellinger encontró comprensiones fenomenológicas esenciales, en cuanto a la dinámica entre víctimas y perpetradores, en el movimiento entre adversarios de guerra o camaradas y entre personas o grupos vinculados por el destino, que a pesar de que no pertenecen a una comunidad familiar o sistema, están unidos de manera existencial a través de la conciencia.

Hunter Beaumont y Bert Hellinger usaron el término Movimientos del Alma para describir la integración de un movimiento interno recóndito en el que lo separado y aparentemente irreconciliable estaba unido en un nivel más profundo. Esto se manifestó en una constelación en donde sus representantes que eran víctimas y perpetradores se dirigieron por su propia cuenta unos hacia los otros sin que hubieran sido instruidos por el terapeuta para seguir sus impulsos y moverse. Nos sentimos muy conmovidos en dicha ocasión por la expresión reconciliatoria y el profundo efecto sanador que tuvo con el cliente y con todos los presentes.

Es así como los últimos años ha quedado cada vez más claro que las constelaciones familiares conducen a soluciones no solamente al interior de los sistemas familiares, sino también que abarcan dos sistemas o más, así como temas abstractos relacionados con el destino, por ejemplo constelaciones en las cuales se configuran la enfermedad o la muerte.

Mediante los movimientos libres en las constelaciones fue posible aclarar qué tipo de movimiento interno conduce a un cliente, por ejemplo gravemente enfermo, a la aceptación de su enfermedad o muerte pendiente. Paradójicamente esta renuncia a la lucha en contra de la muerte o grave enfermedad está unida a un tipo de paz que puede observarse en el cliente y que algunas veces conduce hacia un cambio en el curso de la enfermedad.

Fue de gran ayuda para muchos clientes vivir su vida desde la perspectiva de estar conectados a algo mayor a ellos, permitiéndoles ver sus vidas y a sus familias bajo una luz reconciliatoria. En este contexto Hellinger habla con frecuencia de la Gran Alma y, refiriéndose a Heidegger, sobre la causa primordial de la que emerge la vida y el retorno de la vida hacia esta causa.

Cuando trataba temas como la guerra o el Holocausto, Hellinger configuraba cada vez más a las víctimas y perpetradores frente a frente y les permitía moverse siguiendo sus impulsos. Esta forma de trabajo llegó a su punto culminante en una constelación en Berna en 1998, publicada posteriormente con el título de “Los muertos”. En esta constelación, que tuvo que ver con el movimiento entre víctimas y perpetradores, Bert Hellinger, motivó a los representantes a escribir sus experiencias detalladamente y hubo hallazgos que le permitieron reflexionar sobre la dinámica entre lo aparentemente irreconciliable.

A pesar de que Hellinger en su introducción de “Cuerpo y Alma, Vida y Muerte” y “Religión, Psicoterapia y Cura de Almas”, señaló que el trabajo conduce hacia límites que no se pueden traspasar, se vio claramente y en especial en múltiples constelaciones desarrolladas en contextos culturales distintos como el campo de experiencia se amplía, sigue creciendo y continuamente se descubren nuevos métodos de trabajo, así como rituales y distintas comprensiones.

Una piedra miliaria en este contexto fue el seminario que se llevó a cabo en Israel en el año 2000. Aquí, dado el antecedente histórico entre los alemanes y los judíos, el máximo respeto y reserva por parte del terapeuta fueron necesarios junto con la claridad de observación y la mínima intervención directa durante la constelación. La pureza del trabajo conmovió a todos de igual manera y mediante esta experiencia la comprensión del mismo trabajo se fortaleció al estar en el dominio de los Movimientos del Alma.

En un seminario impartido en Londres, en marzo de 2000, Hellinger habló pro primera vez acerca de los movimientos del alma, como un método más que podría ser empleado adicionalmente a las constelaciones familiares.

No obstante la investigación y la aplicación en otros contextos de este nuevo método de trabajo, o la configuración de temas existenciales en constelaciones, se topa con la pregunta de cuán confiables son los movimientos de los representantes dentro de la constelación. ¿Cuánto reflejan estos movimientos, los movimientos del alma, en el sentido de estar conducidos por un todo sistémico y conectados a este todo que contiene algo mayor y cuándo posiblemente los representantes siguen lo que dicta la conciencia de o entre sistemas familiares?. Esta es la pregunta que permanentemente debe tener presente el terapeuta capacitado.


La Comunidad de destino y la conciencia

Como lo describe Hellinger toda persona tiene su alma propia y también se encuentra dentro de un alma que va más allá de ella misma y de la cual tan sólo es una parte, de la misma manera, cada persona de una familia constituye una parte de una comunidad cuyo destino va más allá de lo personal, más allá de lo individual.

Las comunidades de destinos están formadas tanto dentro de sistemas familiares así como de otros sistemas como hemos visto: entre perpetradores y víctimas, en guerras, guerras civiles, en el Holocausto, con personas involucradas en accidentes que terminaron en la muerte o camaradas de guerra de los cuales algunos sobrevivieron y otros murieron, entre otros.

Al reflexionar acerca de la naturaleza de comunidades de destino que están compuestas de un todo mayor en comparación con los grupos familiares, es necesario ver a las personas como parte de un sistema familiar y a la par como participantes de otros sistemas con los cuales se encuentra, y que dependen existencialmente uno del otro, aún cuando no pertenezcan directamente a dicho sistema familiar.

Esto se puede observar en constelaciones en forma de distintos enredos en los cuales alguien dentro de la familia está implicado con otra persona de la misma familia, por ejemplo con un tío muerto que fue un asesino, y debido a esta implicación el familiar se identifica con las víctimas de ese asesino que pertenecen a otros sistemas. Estas diferentes dinámicas que se manifiestan de manera simultánea como sucesión, presunción, expiación e identificación, nos llevan a la comprensión básica descubierta por Hellinger acerca de los límites de la conciencia y de los sentimientos de culpa e inocencia.

Bert concibe la conciencia como un sentido interior de relación que nos transmite información como cualquiera de los sentidos y nos comportamos socialmente según la información transmitida por este sentido de relación.

Nos percatamos de las percepciones de este sentido en el contexto de nuestros padres, nuestras madres y de quienes les debemos nuestra supervivencia . Esta es la conciencia personal que nos comunica información referente a valores, normas, deseos y reglas habladas o no, y también información sobre quién pertenece a un grupo familiar y quién probablemente no pertenezca (independientemente de la pertenencia real o posición actual de la persona en el orden y jerarquía de la familia). El asentimiento o la divergencia de la conciencia personal la experimentamos mediante sentimientos de inocencia o culpa. El sentirse inocente asegura los vínculos con nuestros padres y nuestras madres o grupo vital.

Existen también impresiones sensoriales que traspasan a estas personas, inmediatamente esenciales en nuestras vidas, y permanecen inconscientes. El sentido de relación en este nivel transmite información acerca de la “totalidad” de un sistema o acerca de su estado incompleto. A través de los sentimientos de inocencia o culpabilidad se pretende inconscientemente equilibrar lo que le falta al sistema. Mediante las constelaciones familiares observamos que existe una fuerza actuante que nos lleva a completar lo incompleto y solamente cuando esto se ha logrado nos sentimos inocentes. Hellinger nombra a esta fuerza la conciencia colectiva. Como este impulso actúa en un nivel que permanece inconsciente, algunas veces se muestra a través de los actos especiales de las personas, y al conocer la historia familiar se puede distinguir que apuntan a la presencia de los excluidos.

Lo anterior se observa en las comunidades de destino como “el enredo”, “la implicación”, de aquéllos que nacen posteriormente con los destinos de quienes murieron antes, aún no habiéndolos conocido. La contradicción entre la conciencia personal y la colectiva en nuestro interior, para la cual el niño únicamente puede encontrar una solución a través del enredo, parece ser reconciliable en el adulto mediante los órdenes del amor, descubiertos por Hellinger. Con éstos y la orientación que se hace posible para los terapeutas, a través de vinculación y jerarquía, y dentro del contexto de equilibrio entre dar y tomar, la tensión entre la conciencia colectiva y la personal, se anula en un nivel superior del sistema. Entonces cuando vemos la conciencia como un sentido más de percepción que estabiliza a nivel personal nuestro sentido de pertenencia hacia nuestras familias y que a nivel inconsciente y colectivo busca conservar el estado completo del grupo, vemos que esta conciencia también va más allá del sistema familiar e incluye a personas de otros sistemas, por ello, las expresiones comunidad de destino y conciencia colectiva ya no pueden ser aplicadas exclusivamente en el caso de familias.

Un hijo que nace posteriormente también puede representar a quienes nacieron antes y que no pertenecen al sistema familiar de ellos, pero que mediante su pérdida o ganancia al sistema familiar experimentó una ganancia o pérdida existencial. En este caso también observamos que quien nace después intenta reemplear a una o varias personas pertenecientes a generaciones anteriores, a causa de un movimiento meramente inconsciente de la conciencia, de esta forma él sigue un amor ciego y la integración aparente del todo.

Para aquéllos movimientos que van más allá de la comunidad de destino, incluidos dentro del sistema familiar, con frecuencia Hellinger emplea la expresión la Gran Alma. En este punto donde se cruzan dos sistemas algunas veces surgen dificultades para diferenciar la conciencia del alma. Si aceptamos que existe un espacio llamado la Gran Alma, entonces también debe existir una gran conciencia, con todos sus efectos y condiciones.

Por encima y más allá del sistema familiar, la conciencia intenta reemplear personas y por consiguiente completar un todo mayor que haya sido percibido como incompleto y al hacer esto, está actuando dentro del área del alma como la describe Hellinger. Rupert Sheldrake cree que no sólo la conciencia, como piensa Hellinger, sino también el alma trata de crear la consumación del todo. Esto lo aclaró en una entrevista con Hunter Beaumont en la cual dijo que el alma no lucha en dirección del cambio, pero que se necesita espíritu también.

Según Sheldrake, el alma es un campo morfogenético que tiene memoria del todo y se estabiliza y conserva mediante la redundancia. En su opinión el alma de la familia, como tal, debe ser entendida como un campo, el impulso evolutivo que va más allá de este campo y trae consigo cambios necesita espíritu para poder hacer eso. En comparación con Sheldrake, Hellinger dice que el alma toma la función de lo evolutivo y de aquello que cambia en una dirección positiva, por ello nos conduce hacia un nivel superior para que lo irreconciliable pueda ser reconciliado.

No importa lo que pensemos si es el alma o el espíritu el que produce el cambio, lo esencial es que esta fuerza debe ir más allá de aquello que concierne a lo individual para encontrar la integración mediante la sucesión, identificación, presunción o expiación.
Si Hellinger ve el alma como aquello que provoca el cambio, también debe concebir la expresión conciencia cuando se habla de la conexión de sistemas mayores y luego para ser consistente, debe hacer una distinción entre los movimientos de la conciencia y los movimientos del alma. La confusión que se da algunas veces en cuanto a la conciencia y el alma, probablemente se deba a que en ocasiones el alma se considera un campo y otras una fuerza o energía.

Posiblemente ambas posiciones acerca del alma sean verdaderas y las dos puedan ser vistas mediante las constelaciones familiares, la diferencia radica en que el alma está más al servicio del cambio evolutivo (reconciliación con lo excluido sobrepasando los límites del sistema familiar), mientras que la conciencia sirve para estabilizar lo que ya existe, pero ambas son necesarias.

Movimientos de la Conciencia

Estos movimientos de la conciencia reflejan que alguien está siguiendo su conciencia personal y/o colectiva. Esto puede significar que el cliente evita el movimiento que lo podría conectar de manera natural con cierto miembro de la familia, lo que está guiado por la conciencia personal. Ésta limita la habilidad de estar verdaderamente consciente del miembro familiar. Al evitarlos curiosamente el cliente se siente inocente y en armonía con las percepciones y valores de los miembros más importantes del grupo y anteriores, por consiguiente, siente que pertenece al grupo. No obstante esto también puede significar que a partir de un movimiento de la conciencia colectiva se refleja el destino de un familiar excluido en el pasado, dando un giro en el presente al destino de algún miembros del sistema.

En este caso el cliente sigue las condiciones dictadas por la conciencia colectiva y siente su máxima inocencia por la representación de los excluidos en su propia vida, de aspectos dolorosos y aterrantes de su sistema o de la persona correspondiente. Su sentimiento de inocencia proviene de la ilusión inconsciente de haber completado algo que estaba incompleto.

En las constelaciones familiares experimentamos este impulso cuando les preguntamos a los representantes cómo se sienten y podemos emplear sus respuestas para diagnosticar y ver con mayor claridad la dinámica dentro del sistema. Para el terapeuta esto significa entender el nivel de conciencia que se está moviendo en el representante y por qué está dando información. Tomando en consideración ambos niveles de conciencia se puede conducir la constelación hacia una solución que integre la culpa y la inocencia, reconociendo su realidad en un nivel superior del sistema.

Cuando no se les pregunta a los representantes sobre sus percepciones, pero se les pide que sigan sus movimientos interiores, cambian su lugar de acuerdo con su impulso interno, aquí rara vez se trata de un movimiento del alma, más bien podemos asumir que se trata de un movimiento a nivel de la conciencia y puede servir como herramienta diagnóstica.

Entre otras cosas esto significa que no necesariamente en cada movimiento de un niño hacia la madre o el padre se deriva la fuerza motivadora de un movimiento del alma, con frecuencia se trata de la expresión de la conciencia personal del niño en el sentido de comunicar su necesidad de pertenecer a la familia. De esta forma las necesidades de la conciencia personal se confirman y las condiciones de la conciencia colectiva se evitan momentáneamente.

De la misma manera el movimiento hacia un integrante excluido de la familia, por la madre o el padre, o el movimiento hacia un integrante de otro sistema no es un movimiento del alma per se. Con frecuencia el movimiento de la persona beneficia a la conciencia colectiva, pero se hace a costa de la conciencia personal y puede involucrar una forma de sublevación en contra del padre o de la madre.

La naturaleza contradictoria de las dimensiones de la conciencia y sus manifestaciones de tiempo y espacio en los representantes deben ser tomadas en cuenta por el terapeuta, en cada caso, para no señalar de inmediato hacia los movimientos del alma como los que están conduciendo la constelación.

Los movimientos libres que realizan los representantes deben ser examinados por su terapeuta, quien también debe verificar si estos movimientos siguen a la conciencia, esto es, la necesidad de pertenecer (a la familia o al sistema) el deseo del equilibrio entre dar y tomar y la integración de la comunidad de destino. También el terapeuta debe observar si los movimientos van más allá de la conciencia.

El movimiento del alma existiría si el impulso fuera algo más que moverse hacia la persona excluida, es decir, si este movimiento consideró la posibilidad de que el cliente se retirara respetuosamente de la persona o situación en cuestión. Un movimiento de la conciencia tan sólo mostraría el vínculo y no la solución (en el sentido de que se trata de una reconciliación que es respetuosa y cambia el foco de atención del cliente al lugar de todos los integrantes del sistema).

En general parece que la base del comportamiento dentro de un sistema familiar, mediante vinculación, jerarquía y equilibrio entre dar y tomar, proviene de la conciencia. A ello se debe que los movimientos entre los integrantes de la familia (dentro de la constelación), sirven más parea estabilizar el problema que para mostrar una solución. Aquí vemos con claridad la dinámica de los enredos mediante el sentir de los representantes o bien por sus movimientos libres, situación que nos conduce con mayor facilidad a vislumbrar el camino de una solución, como en toda buena constelación familiar.

La manifestación de los movimientos del alma no resulta más factible si se pide a los representantes que verdaderamente se centren y que digan sus respuestas, verbalmente o en forma de un movimiento desde el nivel del alma, al dar estas instrucciones más bien nos confrontan frases menos centradas y más coterapéuticas en vez de la conexión de sus representantes con las personas de la familia que están representando en la constelación.

Cuando instruimos a los representantes a moverse de acuerdo con el impulso de sus almas, en realidad les estamos pidiendo no estar en contacto con los movimientos de la conciencia de las personas reales de la familia, les exigimos que sientan y piense a su manera y que encuentren su camino rebasando los límites de la conciencia para traer soluciones que son más posibles observando el sistema familiar desde fuera.

Constelaciones de temas abstractos

Es una imagen distinta cuando se configuran perpetradores y víctimas abstractos o constelaciones acerca de temas elementales como son la vida, la muerte, el destino o la enfermedad.

En este caso, vemos la posibilidad de que a quienes escogen para representar dichos temas se contactan rápidamente con un integrante de la familia del cliente que, por ejemplo, representa la muerte o la enfermedad del mismo, situación en que las percepciones registradas resultan ser la información y la experiencia de una persona y por consiguiente obedecen las condiciones establecidas por la conciencia.

Sin embargo algunas veces los representantes permanecen abstractos por lo que la muerte, la vida o el destino no pueden ser asignados a una persona en particular, aquí observamos a los representantes comprendidos en algo verdaderamente mayor. Esta fuerza que rebasa a los integrantes individuales de la comunidad de destino, señala hacia algo que no puede ser transmitido por una persona.

En el transcurso de estas constelaciones Hellinger frecuentemente les pedía a sus representantes no moverse ni hablar (en la forma de discusiones superficiales o intercambios), les hacía saber que ellos tenían la visión entera, el tiempo, la serenidad y la energía. Un movimiento hacia una de estas personas cuando permanecen en su función abstracta, es algo que puede ser descrito como un movimiento del alma. Con frecuencia se alcanza el punto de máxima humildad, un movimiento hacia algo que no podemos alcanzar y que no puede ser personificado.

Algunas veces también se trata de un movimiento de un niño hacia la madre, cuando la madre en la constelación no representa a una persona que carga un destino en particular, sino más bien a una “madre universal”. Sin embargo si la madre es representada como alguien con un destino personal, el movimiento del hijo hacia ella, debe ser verificado cuidadosamente para ver hasta qué punto se trata de un movimiento que sigue a la conciencia y que desde su interior el hijo dice “Mamá, lo hago por ti”.

En síntesis podríamos decir que se consideran movimientos de la conciencia a aquellos que se realizan dentro de un sistema familiar y los que se desarrollan en constelaciones en las que se configuran a personas concretas de distintos sistemas familiares.

Los movimientos del alma se observan cuando se trata de movimientos abstractos que abordan lo universal, como es el caso de la gran madre, el gran padre, la vida misma, la muerte y el destino.

En el caso de los movimientos del alma aparece una serie de sucesos que deja atrás la forma de equilibrio entre dar y tomar, de expiación y de vinculación, que dicta la conciencia a nivel personal y colectivo y que conduce más allá de los movimientos dentro de la comunidad de destino. Solamente en este punto uno puede contactar una fuerza que está dirigida por algo mayor.

Tal vez los movimientos del alma “puros”, dentro del contexto del sistema familiar, deben ser vistos como integraciones internas de movimientos por parte del cliente, por ejemplo, cuando un hijo ha encontrado sus sentimientos primarios y por consiguiente puede mirar con amor a los ojos a sus padres más allá de conjeturas o imágenes anteriores, o bien cuando se experimenta un destino aterrador, como perteneciente al sistema y no obstante la persona es capaz de retirarse con amor y de voltear hacia sus padres, o cuando alguien acepta con humildad sus limitaciones, su enfermedad y las condiciones de vida.

Hellinger ya ha observado y descrito muchos ejemplos, por lo que podemos tomar parte de esta experiencia y obtener la energía para nuestros propios movimientos del alma y para nuestro trabajo.

Cuando tratamos de darle espacio a esta fuerza dentro de un área visible, fuerza que nos da entereza y nos conduce por integraciones internas de movimientos, debemos tomarla como regalo en vez de un resultado de acción terapéutica.

Los movimientos del alma no debe ser “hechos”, por el momento, únicamente las condiciones que algunas veces apoyan la manifestación de la Gran Alma en los representantes o en el cliente pueden ser descritas de manera aproximada.

Una parte vital del proceso es la claridad y estado de alerta del terapeuta relativo a sus propios deseos que tienen que ver con su desarrollo y experiencia con la Gran Alma. La disposición a renunciar completamente a su deseo de soluciones armoniosas, así como a la atención en los movimientos mínimos de los representantes en el sistema, y además debe ser capaz de diferenciar entre los movimientos de la conciencia y los movimientos del alma. Después el terapeuta puede interceder y, mediante intervenciones que conocemos de las constelaciones familiares, puede ayudar a los movimientos hacia una dirección de conexión con algo mayor o puede decidir no intervenir.

Si el terapeuta al configurar una constelación lo hace sin juicio, sin miedo, sin memoria, sin intenciones y sin amor (aunque sí amoroso), es más factible que los movimientos lleven hacia su solución.

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