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Orden de Origen y Humildad el Enfoque de Bert Hellinger
Arist von Xchlippe, Mochen Schweitzer
Manual de terapia y asesoría sistémica.

Casi ningún enfoque ha avivado y polarizado tanto la discusión en la terapia sistémica de los últimos tiempos como el de Bert Hellinger. H. desarrolló un insólito método de terapia ultra breve centrada en la solución, que consta principalmente de “constelaciones”, una forma específica de trabajo con esculturas, en la que una persona configura su familia de origen en un grupo. Hellinger parte de unos pocos datos base. Sólo los hechos externos son importantes: Murió alguien, alguien fue expulsado, hubo un marido anterior o un niño excluido?. Eso es lo único que interesa, no necesito descripciones de personas, no me dedico a aburridas anamnesias (1995b, pág. 22). Luego, Hellinger busca en las esculturas una “imagen buena”, que pueda constituir para las personas implicadas la representación de un “orden bueno”, una nueva imagen interior como recurso. En esta búsqueda se deja guiar por las reacciones del los participantes (es decir, pregunta si un cambio en la constelación les parece “mejor o peor”), de este modo, suele llevar muy rápidamente a un consultante hasta puntos existencialmente significativos, por lo general las constelaciones no duran más de 20 o 30 minutos, y busca una solución mediante rituales (frases, reverencias) o metáforas.

Impresiona la claridad de los conceptos de Hellinger y la simplicidad de sus intervenciones. La rotundidad con que los sostiene y sobre todo, sus declaraciones sobre las relaciones de hombres y mujeres son provocadores e incitan a la réplica energética (Krüll 1995, Simon y Retzer 1995). Aquí sólo podemos ofrecer una visión general de sus modelos. Para un análisis detallado, remitimos a la bibliografía correspondiente (en particular Weber 1993, Hellinger 1994) o a los videos educativos (Hohnen 1995 a y c).

El Orden de origen

H. parte del supuesto de que en los sistemas sociales, al menos en la cultura occidental, existe un orden que produce un determinado efecto en los miembros del sistema. El lo llama el “orden de origen (orden del amor). Este orden viene determinado por la fecha de ingreso en un sistema: un miembro que entra antes en el sistema tiene un “rango” más alto que uno que llega después. Así, los padres tienen prioridad sobre los hijos, los hijos que nacen primero, sobre los que nacen después, etc. Este orden viene “dado”. Siempre que se respete el orden de origen, las relaciones funcionarán bien, pero si se altera, se producen trastornos.

H. cree que esta dinámica no se da sólo en las familias. En las organizaciones, por ejemplo, también se producen trastornos en los momentos en que las personas que han llegado después no estiman y respetan a los que llevan más tiempo en el sistema.

Cuando se diagnostica un trastorno psíquico, no es raro encontrar un miembro del sistema (con frecuencia un niño) en una posición que “no le corresponde”. La arrogancia es el principal motor de la implicación, la humildad, la solución. Se infringe el orden de origen y por consiguiente, las regularidades en el sistema, siempre que una persona desarrolla la idea de que

  • tiene derecho a poner en orden la relación de sus padres

  • debe o puede despreciar a uno de los padres por lealtad al otro

  • tiene derechos exigir una reparación a los padres, puede vengarse, despreciar, excluir o

  • puede aventajar a un hermano mayor, ser superior.

Los síntomas suelen indicar esta secreta arrogancia, y puede surgir una dinámica de castigo inconsciente. Si en el contexto terapéutico es posible presentarse “humildemente” delante de los padres (muchas veces mediante un ritual que, de diversas maneras, expresa: “Os agradezco lo que me disteis, es suficiente, el resto lo haré sólo”, suele experimentarse una paz interior: “Cuando se rinde homenaje a los padres, algo en lo más profundo del alma se pone en orden” (H. 1995b).

Desde esta perspectiva la idea de que la cuestión es perdonar a los padres se ve como una forma de arrogancia. Respeto y humildad también puede ser dejar que los padres carguen con la culpa si son culpables.

La pertenencia a un sistema es un derecho inalienable de todo ser humano. De modo que también es una forma de arrogancia que alguien, por el motivo que fuera, sea excluido del sistema y por lo tanto no sea apreciado. Por ello, en el trabajo con constelaciones, H. siempre pregunta en primer lugar si hay personas ocultas, por ejemplo si los padres tuvieron una pareja anterior o niños que murieron y con frecuencia los incluye en la configuración. La consideración de esta dinámica, que por cierto, también está presente en otros enfoques (Satir, Stierlin), se completa con otro aspecto esencial: la identificación . Cuando se deja de lado una figura del sistema, es frecuente que un miembro posterior se identifique de forma inconsciente con la persona despreciada y la imite. Esta imitación se cifra a menudo en una (grave9 sintomatología. Para H. la dinámica siempre es el amor y el vínculo del niño con el sistema (vínculo del destino), pero el sacrificio siempre es inútil, ya que implica un intento de solución en el punto equivocado. Es un acto de arrogancia intentar resolver algo en lugar de otro, aunque sea por amor. Desde esta perspectiva, lo saludable es mirar a la persona excluida, apreciarla y asignarle un “sitio en el corazón”.
Existe una solución análoga para la dinámica de la sucesión, en la que una persona , de un modo más o menos consciente, intenta suceder a alguien que murió de forma prematura o dramática, es probable que esa persona no “tome” la vida, porque se siente culpable, y eso tiene que ver con el equilibrio entre dar y tomar.

El Equilibrio entre Dar y Tomar

La palabra clave para buscar dinámicas de solución es equilibrio. En los sistemas, la culpa y la inocencia están estrechamente relacionadas. En el sistema siempre se trata de dar y tomar (H: 1991). El qu da ocupa siempre una posición en apariencia ventajosa, su posición es la inocencia. El que toma se hace culpable “no se puede tomar sin pagar ese precio” (1991, pag. 20), En ocasiones, las personas intentan eludir esa dinámica, ir “nocentes” por la vida, y de esa forma evitan participar en el intercambio social. Pero se trata de una ilusión. La negativa a tomar, que suele ir acompañada de depresión, se esconde tras muchas motivaciones, no es lo correcto, es demasiado poco, y cosas similares. Cuando es posible tomar , sobre todo a los padres, los implicados suelen experimentar una enorme corriente de energía y fuerza. Algo parecido ocurre con la idea de que es posible ir por la vida solamente como dador (ideal del que se dedica a ayudar a los demás). H. afirma ue esa idea también es nociva para las relaciones. El equilibrio del sistema, un constante dar y tomar, supone comprender que es imposible ir inocente por la vida y que a veces la única forma de llegar a un equilibrio es AGRADECER.

El Movimiento Interrumpido

Todos los aspectos del modelo de H. que hemos comentado hasta ahora se refieren a un principio básico, por medio del cual, él explica los trastornos: la implicación sistémica .

Otro principio fundamental es el movimiento interrumpido, y precisamente aquí se muestran las raíces somatoterapéuticas del modelo. El primer movimiento del hijo/hija es hacia la madre o hacia los padres, es un proceso natural, físico. Si en un momento temprano del desarrollo ese proceso fracasa por una separación o un trauma, el niño bloquea su capacidad de tomar, y el movimiento se interrumpe. En ese caso, el trabajo terapéutico se centra en volver a hacer posible ese movimiento y llevarlo a término para cumplir su objetivo: la experiencia del amor y del sentimiento de gratitud.

La Busqueda de la Fuerza

La estrategia básica de H. que consiste en buscar lo que saca a una persona de la posición de víctima y de impotencia, podría tener particular importancia para los terapeutas sistémicos. En última instancia, la muy criticada exhortación a dirigirse con humildad a los padres, persigue el objetivo de hacer posible una posición autónoma y fuerte. Lo que se rechaza se ha de tener siempre presente, lo que se puede ver con amor y alegría, se puede liberar: “Sólo lo que amamos nos da libertad” (1993 pag. 51). De esta forma es posible salir de la posición de víctima y al mismo tiempo ser “bueno”. Se buscan descripciones que sean fuertes. Se interrumpe todo lo que debilita. “Muchos problemas surgen a partir de su descripción y se mantienen porque se reitera la descripción. Toda descripción que desvaloriza es falsa. La interpretación correcta, la que ayuda, siempre es honorable. (H. 1993. pag. 31).


La Concepción de la Verdad

Por último, habría que decir algo acerca de la concepción de verdad de H. pues es precisamente dicha concepción lo que provoca los conflictos más intensos en la discusión. A diferencia del constructivismo. H. no define la verdad como la construcción subjetiva de un observador. Por el contrario, se distancia claramente de esa postura: “El que construye siempre está errado” (1995, oral), Sin embargo, tampoco se remite a la aparente alternativa de una concepción objetivista de la verdad. Como fenomenólogo, H. cree que la verdad es algo que surge a partir de una “intuición” y es válido sólo en ese momento. (1995b. pags. 22-24)

Con esta definición H. se inserta en una tradición filosófica emparentada con la epistemología sistémica, de la que él intenta distanciarse. Sin embargo, la coincidencia no es total. La percepción depende del observador, todo lo que se dice es dicho por un observador, la “verdad” y la “objetividad” son inconcebibles sin un observador: todas estas ideas pertenecen al repertorio de la epistemología sistémica. H. en cambio, parte de la base de que en el momento de la comprensión, ésta realmente es “verdadera”, aunque en el instante siguiente se pierda y no pueda retenerse. Y la percepción se le debe exigir al cliente, aunque sea conflictiva: “El terapeuta no puede tener miedo de lo horrible “ (1993, oral). De esta convicción se deriva su forma de trabajo, que suele ser drástica y conflictiva. Desde la perspectiva sistémica, se le ha reprochado muchas veces, y según nuestra opinión, con razón, que presente sus afirmaciones de un modo tan absoluto y no las describa como su visión por ejemplo: “así lo veo yo, ahora, pero puede ser distinto”. Esto adquiere particular relevancia por el hecho de haber fijado, o prácticamente congelado, sus trabajos y declaraciones mediante las imágenes y la escritura, pues en parte se ven privados de su contexto y se convierten en postulados de los que más de un terapeuta puede llegar a servirse como un “pequeño Hellinger”, sin emplearlos en consonancia con el contexto.

Otro punto crítico es que los modelos terapéuticos también pueden observarse bajo el aspecto de la escena que se configura o (re)actualiza en su setting. Visto así, un procedimiento terapéutico como el esbozado en esta sección corre el peligro de promover la orientación a un protagonista más o menos carismático, que invita a reducir la complejidad de la realidad psicosocial de una y sólo una determinada manera. También se corre la tentación de la imitación indiferenciada y la tentación del poder aparente.

¿Porqué los modelos de Hellinger han adquirido tanta popularidad precisamente en los últimos tiempos?. Sin duda, eso tiene qu ver por un lado, con que Gunthard Weber, un famoso exponente del equipo de Heidelberg, haya difundido el trabajo de Hellinger entre un gran número de terapeutas sistémicos (1993). Pero por otro, podría pensarse en una reacción a los modelos posmodernos y constructivistas actualmente discutidos, que siempre corren el riesgo de la arbitrariedad y a su vez, crean una necesidad de orden, “verdad” y estructuras claras.

Hellinger B. (1991) Schuld und Unschuld aus systemischer Sicht. Systhema, 5 (1) Págs. 19-34
Hellinger B (1993) Finden, was wirkt. Therapeutische Briefe, M{unich: Kösel.
Hellinger B. (1994) en catellano Ordenes del Amor: Cursos seleccionados. Herder. 2001
Hellinger B. (1995a) Familien stellen mit Kranken. Heidelberg: Carl Auer.
Hellinger B (1995b) Wenn man den Eltern Ehre erweist, kommt etwas tief in der Seele in Ordnung. Ein Interview , Psychologie Heute, 6, págs. 22-26
Hellinger B. (1995c) Was in Familien krank macht und beilt. Video Cooperative Ruhr, Kielstr. 10, 44145 Dortmund.


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